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Este portavelas nace del gesto lento y de la escucha.
Su superficie rugosa guarda la memoria de los cráteres lunares, de sus luces veladas y de sus sombras profundas.
Al encender una vela, la pieza se transforma: la llama dialoga con la textura, proyecta reflejos irregulares y crea un pequeño ritual cotidiano.
Es una invitación a bajar el ritmo, a observar, a habitar el silencio.
Cada portavelas es único, modelado a mano, como lo es cada luna que atraviesa nuestro ciclo.
Un refugio lunar para tus manos, tu hogar, tu tiempo.
No es solo una pieza: es un gesto para acompañar tu ciclo.
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