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Hay tardes de verano que parecen no tener prisa.
El aire se vuelve más suave, el mar refleja los últimos colores del día y cada sorbo sabe a calma.
Este vaso nace inspirado en esos atardeceres junto al agua, donde los amarillos dorados, los rosas cálidos y los blancos luminosos se funden como el cielo cuando el sol comienza a esconderse. Entre ellos emergen delicados tonos terrosos que recuerdan la arena húmeda, las conchas y las huellas que deja la marea al retirarse.
En el centro, un corazón tallado guarda la esencia de la pieza: la invitación a vivir el verano con presencia, ligereza y gratitud por los pequeños placeres cotidianos.
Su forma, sin asa, invita a envolverlo con las manos y disfrutar de una bebida fresca mientras el día se despide. Un matcha helado, un cacao frío, una infusión, un zumo recién hecho o el agua compartida al final de una jornada de sol.
Modelado íntegramente a mano, este vaso es una pieza única e irrepetible. Una obra nacida del diálogo entre la tierra, el agua y la luz del verano.
Más que un vaso, es una invitación a detener el tiempo durante unos instantes y brindar por la belleza de las estaciones.
Sin existencias