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Hay formas que parecen haber sido moldeadas por el tiempo antes que por las manos.
Esta taza nace del encuentro entre la tierra y la luna, entre la suavidad de los blancos minerales y la fuerza serena de los tonos terrosos que emergen desde el interior de la pieza. Su superficie, marcada por relieves y texturas craterizadas, evoca paisajes lunares, antiguas geografías donde la materia conserva la memoria de su origen.
El asa circular acompaña la forma como un gesto de equilibrio y continuidad, invitando a sostener la pieza con calma y presencia.
Cada sorbo se convierte en una pausa. Un instante para volver al cuerpo, a los ritmos lentos y a la belleza de lo esencial.
Creada íntegramente a mano, esta es una pieza única e irrepetible. Sus texturas, matices y pequeñas variaciones son el resultado de un proceso creativo intuitivo en diálogo con la naturaleza, la materia y la observación del mundo vivo.
Más que una taza, es una pequeña obra de arte para habitar lo cotidiano con belleza y consciencia.
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