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En ese momento en el que el día comienza a despedirse y la luz transforma el paisaje. Un instante para detenerse, reunirse y compartir.
Esta taza nace inspirada en las Hespérides, aquellas ninfas vinculadas al jardín de los frutos dorados. En esta pieza imagino ese encuentro al final del día: mujeres que se reúnen al ocaso desde la libertad, la complicidad y el vínculo con la naturaleza. Un espacio propio donde conversar, compartir y simplemente estar.
Toda la superficie recoge los colores de ese atardecer: amarillos dorados, rosas, tierras, naranjas suaves y blancos luminosos que se funden entre sí como la última luz sobre el horizonte.
En su centro, una luna menguante tallada acompaña la pieza como símbolo de los ciclos, de lo que se recoge, de lo que se transforma y de la sabiduría de saber cuándo mirar hacia dentro.
El blanco desciende sobre la superficie en un suave degradado, evocando nuestras aguas internas: aquello que sentimos, que se mueve silenciosamente dentro de nosotras y que también forma parte de nuestros propios ciclos.
Su asa invita a sostenerla con calma y convertir cada bebida en un pequeño momento de encuentro contigo misma. Un café al caer la tarde, una infusión, un cacao o simplemente unos minutos de pausa.
Creada y tallada a mano, esta taza es una pieza única e irrepetible, nacida del diálogo entre la tierra, el fuego, la feminidad y la memoria de aquellos jardines donde la naturaleza y la libertad podían encontrarse.
Una taza para reunirse, para escucharse y despedir el día despacio.
Un pequeño ritual para volver a tus aguas internas.
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