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Hay objetos que reflejan un rostro.
Y hay otros que reflejan un hogar.
Este espejo nace como una invitación a regresar a una misma. A recordar que, incluso en los momentos de cambio, búsqueda o incertidumbre, existe un lugar que permanece intacto: el que habita en nuestro interior.
Modelado en tonos terrosos y veladuras de blanco roto, conserva la belleza serena de la tierra, la huella de lo orgánico y la memoria de aquello que crece despacio. Los adornos de inspiración barroca dialogan con una trenza de rafia tejida a mano, uniendo lo delicado y lo salvaje, lo ornamental y lo ancestral.
En su superficie aparece una frase que actúa como un susurro y una certeza:
«Soy un lugar donde volver.»
Un recordatorio de que el refugio que buscamos tantas veces fuera también vive dentro de nosotras.
Creado a mano como pieza única, este espejo está pensado para habitar altares, rincones íntimos y espacios donde la belleza se convierte en un acto de presencia.
Más que un espejo, es un ritual de reconocimiento.
Una pieza para volver a ti.
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