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Este jarrón es un cuerpo lunar.
Sólido, imperfecto, vivo.
Su tacto recuerda a la superficie de la luna: áspera y delicada a la vez, marcada por el paso del tiempo y por la belleza de lo no pulido.
Acoge flores, ramas o simplemente el vacío, porque también el espacio tiene su lenguaje.
Es una pieza que habla de contención, de refugio y de presencia.
Un objeto que no decora: acompaña
Hay objetos que no se buscan, te llaman.
Sin existencias