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Esta taza nace del recuerdo de los atardeceres en el jardín de las Hespérides, donde un grupo de mujeres compartía su luz, su magia y sus secretos.
Sus colores cálidos evocan el cielo al final del día, y en su centro, una luna menguante tallada invita a la reflexión, al cierre de ciclos y a la conexión con lo íntimo.
Cada sorbo es un ritual: sentir la cerámica entre las manos, dejar que el calor del líquido despierte los sentidos, y acompañar un momento de presencia y contemplación.
Más que una taza, es un puente entre la memoria de esos encuentros y tu propio espacio sagrado, entre lo femenino y lo ritual, entre la vida cotidiana y la poesía del atardecer.
Hay objetos que no se buscan, te llaman.
Sin existencias