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Hay símbolos que no necesitan ser comprendidos para ser sentidos.
Esta taza ha sido tallada a mano, dejando sobre la arcilla una constelación de signos, huellas y gestos que convierten cada superficie en un territorio único. Marcas que evocan antiguos lenguajes, relatos olvidados y la necesidad humana de dejar rastro sobre la materia.
Los tonos terrosos hablan del origen, de la tierra fértil y de la belleza de lo esencial. Sobre ellos, veladuras de blanco roto se deslizan suavemente como una luz mineral que revela texturas, relieves y pequeñas imperfecciones que hacen de cada pieza algo irrepetible.
El asa acompaña la forma con equilibrio y presencia, invitando a sostener la pieza como quien sostiene un objeto cargado de historia.
Creada íntegramente a mano, esta taza no nace de la repetición, sino del diálogo entre la intuición, la materia y el gesto creativo.
Cada símbolo, cada textura y cada matiz forman parte de una obra única que no volverá a existir de la misma manera.
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