Estas piezas nacen inspiradas en la luna y en su forma de habitar el cielo: cambiante,
silenciosa y profundamente viva. Cada una guarda su propia textura, su volumen, su luz y
sus sombras, como reflejo de los ciclos que nos atraviesan.
El barro se deja guiar por mis manos y por el tiempo, permitiendo que la superficie conserve
marcas, relieves y suavidades distintas. Nada se fuerza, nada se repite. Cada pieza es
única, como lo es cada fase lunar, como lo es cada proceso interior.
En ellas conviven la claridad y la penumbra, lo pulido y lo áspero, lo visible y lo que se
intuye. Son objetos que invitan a ser tocados, observados con calma y habitados desde la
presencia.
Estas piezas se crean una a una, en un espacio sostenido por el aroma del palo santo,
acompañando el gesto creativo y dejando que la intención quede impregnada en la materia.
Por su naturaleza artesanal, pueden variar en tamaño, forma y textura, honrando así su
carácter vivo y orgánico.
Son cerámicas pensadas para acompañar rituales cotidianos, espacios íntimos y momentos
de pausa. Pequeños cuerpos lunares que recuerdan que la belleza también habita en la
sombra y que todo ciclo merece ser honrado.