
2026
Acrílico y tinta pigmentada sobre lienzo de algodón
90 × 116 cm
SOBRE LA ARTISTA Y LA INVESTIGACIÓN

La mujer ciervo forma parte de una investigación artística que nace de una pregunta íntima: ¿qué lugar ocupaban aquellas mujeres que durante generaciones conservaron un conocimiento profundo sobre el cuerpo, las plantas, la tierra y los ciclos de la naturaleza?
Durante los últimos dos años he investigado la memoria de las curanderas, sanadoras, herbolarias y otras mujeres vinculadas a las formas de conocimiento popular en España, con especial atención a Andalucía y a las mujeres curanderas de Granada.
A lo largo de esta investigación, mi intención inicial era distinguir y separar las formas de conocimiento tradicional y las prácticas de raíz pagana de aquellas vinculadas al cristianismo y al catolicismo. Sin embargo, cuanto más profundizaba en sus historias, más evidente se hacía la estrecha relación entre unas y otras. Los símbolos, los rituales, las creencias y las formas de sanar aparecen muchas veces entrelazados, formando un territorio mucho más complejo de lo que una división entre lo pagano y lo cristiano podría explicar.
Lo que finalmente se convirtió en el verdadero hilo conductor de mi investigación fue la profunda vinculación de estas mujeres con la naturaleza.
Me interesa ese conocimiento transmitido a través de la experiencia: saber reconocer una planta, observar sus propiedades, comprender los ciclos de la tierra, escuchar el cuerpo y relacionarse con el entorno desde una forma de atención que hoy, en muchos casos, hemos perdido.
Desde la pintura y la cerámica construyo un imaginario propio a partir de esa memoria. Un espacio donde estas mujeres puedan volver a ser contempladas desde la dignidad, la sabiduría y la fuerza que también habitaron sus historias.
LA MUJER CIERVO

Decidí comenzar esta colección con una anciana.
Quería que fuese una mujer serena, cuyo rostro transmitiera sabiduría y amabilidad. Quería alejarme de la imagen que la historia ha construido alrededor de estas mujeres, tantas veces representadas como seres malvados, peligrosos o alejados de su propia humanidad bajo la denominación de brujas.
Me interesaba devolver la mirada hacia la mujer que había detrás de esa imagen: hacia su humanidad, su experiencia, su conocimiento y su profunda relación con aquello que la rodeaba.
Y me conmueve la relación profunda e íntima que se establecía entre la curandera —quien poseía los conocimientos y el don para sanar— y quien acudía a ella con devoción y fe, entregándose a la posibilidad de ser sanada.
Y junto a ella apareció el ciervo.
El ciervo forma parte de mi propia memoria y de mi territorio. Desde niña, una de mis grandes ilusiones era salir a la montaña con el deseo observarlos. La posibilidad de encontrarme algún día con estos animales estaba ligada a una sensación de asombro, de misterio y de conexión con un mundo natural que me fascinaba.
En esta obra, la mujer y el ciervo no aparecen como dos elementos separados. Quise que formasen un único ser.
Las orejas del ciervo nacen en la mujer y, en esa transformación, ambas naturalezas se encuentran. Es una forma de representar aquello que atraviesa toda la investigación: la idea de que estas mujeres no solo conocían la naturaleza, sino que formaban parte íntima de ella.
El ciervo se convierte así en una extensión de la mujer y la mujer en una extensión del paisaje.
No hay una frontera clara entre ambas.
Hay pertenencia.
Una forma de conocimiento basada en observar, escuchar y comprender los ciclos de la tierra, las plantas, los animales y el propio cuerpo. Una relación con la naturaleza tan profunda que, en mi imaginario, mujer y animal terminan siendo un mismo ser.
Esta obra es, por tanto, el comienzo de un viaje.
Un regreso a aquellas mujeres.
Y también, de alguna manera, un regreso a mí misma.
Aquí puedes acompañarme en mi viaje:
https://www.instagram.com/laasilvestrada_art/



