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Durante años caminé lejos de lo natural.
Mi mirada se fue domesticando, mi cuerpo olvidó el pulso lento de la tierra y la escucha profunda de lo intuitivo. Esta obra nace precisamente de ese trayecto: de la desconexión y del regreso.
Aquí habita mi yo salvaje, pero no feroz; salvaje y tierno a la vez.
Una esencia visceral que no necesita gritar para ser poderosa. La diosa asilvestrada se revela como un arquetipo íntimo: femenina, sensible, profundamente viva. No es una figura idealizada, sino una presencia que recuerda lo que siempre estuvo ahí, esperando ser reconocido.
La luna acompaña como guía silenciosa, marcando los ritmos internos y los ciclos del sentir. El ciervo aparece como símbolo de espiritualidad y delicadeza consciente: fuerza que camina despacio, corazón atento. El gorrión trae la libertad sencilla, el recordatorio de que lo pequeño también vuela, de que la ligereza es una forma de sabiduría.
Esta obra es un gesto de reconciliación.
Un volver al cuerpo, a la intuición, a la naturaleza interna y externa. Una invitación a quien la contempla a reconocerse en esa ternura salvaje, en esa belleza que no se explica, pero se siente.
OBRA ORIGINAL – 2025.
tamaño de la obra: 57,5 cm x 76,5cm.
Acuarela en papel de algodón 100% – 300 gr/m²
La obra será enviada con certificado de autenticidad.
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