Nos reunimos en un círculo de mujeres, un espacio seguro y sagrado donde cada
respiración, cada pausa y cada mirada es sostenida por la escucha y la presencia
consciente. Aquí, el mundo exterior se desvanece, y la vibración del silencio y del tambor
chamánico nos conecta con nuestros ritmos internos, despertando la intuición y el corazón.
Cada pincelada es un acto de ritual: un gesto que surge del cuerpo, guiado por lo invisible.
La acuarela se convierte en lenguaje del alma, revelando aquello que la mente no alcanza a
nombrar. Las manchas, los trazos y los colores fluyen sin esfuerzo; no hay errores, solo
expresiones auténticas de lo que eres en este instante.
Apagar la mente, habitar la respiración, entregarse al círculo, permite que el inconsciente se
exprese. Cada sesión es un viaje hacia lo profundo, un espacio donde la creatividad se
transforma en presencia, la quietud en poder y la magia en un acto cotidiano. La Acuarela
Ritual no es solo pintura: es un puente hacia tu esencia, un encuentro con la memoria de tu
alma y la fuerza delicada que llevas dentro.