Estos templos nacen del barro como cuerpos que habitan el espacio con presencia, fuerza y
ternura. Cada pieza es única, creada a mano, con texturas y formas que conservan la
memoria de mis gestos y de la materia viva que toma forma.
Son un homenaje silencioso a la feminidad: espacios que escuchan, sostienen y honran el
cuerpo femenino en toda su complejidad. Invitan a reconocer la fuerza que habita en
nosotras, la sabiduría de nuestros ciclos, la magia de nuestra anatomía y la memoria
ancestral que nos atraviesa.
Cada templo es un recordatorio de que honrarnos es un acto sagrado. Permite que nuestra
energía se exprese, que la presencia femenina se celebre y que la conexión con nosotras
mismas y con otras mujeres se profundice. Son compañeras que sostienen la mirada,
acompañan los rituales y celebran la vida desde su centro.
Tallados y modelados con cuidado, acompañados del aroma del palo santo, estos templos
son únicos: cada curva, cada detalle, cada relieve recuerda que lo femenino es vivo,
poderoso, ancestral y eterno. Son espacios donde la feminidad se encuentra, se reconoce y
se honra, profundamente.