CUERPO DE TIERRA

Sobre la pieza
CUERPO DE TIERRA nace como una prolongación de la investigación que da origen a La mujer ciervo.
Si en la pintura la naturaleza aparece como un lugar al que estas mujeres pertenecen, en esta pieza querÃa llevar esa naturaleza a la materia. QuerÃa que aquello que en el lienzo se contempla pudiera, de alguna manera, ser tocado.
Durante el proceso de creación he investigado distintas posibilidades de pastas, superficies, esmaltes y formas de aplicación, buscando que la materia tuviera una presencia propia. Me interesaba especialmente encontrar una superficie que evocara la tierra, la roca, la corteza, las erosiones y las huellas que el tiempo va dejando sobre aquello que permanece.
La pieza no pretende representar literalmente una roca ni reproducir un fragmento de paisaje.
Busca evocarlo.
Su textura, sus irregularidades, sus cambios de color y las diferentes profundidades de su superficie hablan de una materia que parece haber sido transformada por el tiempo y por los elementos. El fuego termina de modificarla y deja también su propia huella, haciendo que cada resultado sea irrepetible.
Por eso esta pieza forma parte del mismo paisaje que La mujer ciervo.
La anciana y el ciervo pertenecen a la tierra que aquà aparece convertida en cuerpo.
Me interesa especialmente esa relación entre pintura y cerámica: que una obra pueda salir del plano, adquirir volumen y convertirse en algo que podemos rodear, observar desde distintos lugares y finalmente tocar.
Tener la tierra entre las manos.
Esa es, en esencia, la experiencia que busco provocar con esta pieza.
No solo contemplar la naturaleza, sino acercarnos a ella desde el tacto, reconocer su textura y recordar que también nuestro propio cuerpo pertenece a esa misma materia.
CUERPO LUNAR

Sobre la pieza
CUERPO LUNAR nace de la misma investigación, pero mira hacia otro lugar del paisaje.
Si Cuerpo de Tierra se adentra en lo terrestre, lo mineral y lo que encontramos bajo nuestros pies, esta pieza nace de la mirada hacia arriba: hacia la luna, sus cráteres, sus sombras y esa superficie remota que durante siglos hemos observado intentando comprenderla.
QuerÃa trasladar esa sensación a la cerámica.
Durante el proceso de creación he investigado diferentes combinaciones de esmaltes, aplicaciones y temperaturas de cocción para encontrar una superficie que tuviera profundidad, accidentes y variaciones, como si la materia hubiese sido erosionada por fuerzas que no podemos ver.
Las cavidades, las irregularidades, las zonas más oscuras y los reflejos hacen que la superficie cambie según la luz y según el lugar desde el que se contempla.
La pieza se convierte asà en un pequeño territorio lunar.
Pero, al igual que ocurre con Cuerpo de Tierra, no querÃa crear una representación literal.
QuerÃa evocar una sensación.
La sensación de sostener entre las manos algo que parece pertenecer a un lugar lejano y, sin embargo, está hecho de la misma tierra que podemos tocar.
Porque la luna también forma parte del paisaje de La mujer ciervo.
La naturaleza que atraviesa esta investigación no termina en los árboles, las plantas o los animales. También está en los ciclos, en la noche, en la luz, en aquello que observamos desde la tierra que, de alguna manera, también regula nuestra forma de habitarla y envuelve a esta colección de la atmósfera mÃstica que la caracteriza.
Por eso estas piezas son hÃbridos de la obra pictórica.
No son objetos que acompañan a la pintura desde fuera.
Son una prolongación de ella.
Llevan al espacio y al tacto aquello que en el lienzo permanece contenido en una imagen.
La pintura se contempla.
La cerámica puede además tocarse, sostenerse, rodearse y sentirse.
Y en ese gesto aparece una dimensión más Ãntima de la obra: poder tener entre las manos un fragmento imaginado de la tierra y de la luna.
Hacer tangible el paisaje.




