Día Nacional de la Conciliación y la Corresponsabilidad
Hoy, en el Día Nacional de la Conciliación y la Corresponsabilidad, un día para exigir que la conciliación no sea un privilegio, sino una responsabilidad. Para ello honramos a las mujeres que señalaron lo invisible, que pusieron palabras donde solo había cansancio, y que abrieron grietas en un sistema que nos quería disponibles siempre.
Este texto es un pequeño altar. Un lugar donde nombrarlas.
Simone de Beauvoir
Nombrar lo que parecía destino.
“No se nace mujer: se llega a serlo.”
Con esta frase, abrió una puerta que ya no pudo cerrarse.
Filósofa existencialista de fuertes convicciones feministas, en 1949 publicó un libro que todavía hoy es un referente dentro del movimiento, El segundo sexo.
Así comenzaba su libro: “Este mundo ha pertenecido siempre a los hombres”.
Nos enseñó que aquello que parecía natural —cuidar, sostener, renunciar— era, en realidad, una construcción.
Gracias a ella entendimos que la conciliación no es un problema individual, sino una estructura que necesita transformarse.
Lo que aprendimos a sostener también puede aprenderse a repartir.
Silvia Federici
Poner valor a lo invisible
“Ellos dicen que es amor. Nosotras decimos que es trabajo no pagado.”
Militante feminista desde 1960, fue una de las principales animadoras de los debates internacionales sobre la condición y la remuneración del trabajo doméstico.
Federici puso luz sobre lo que siempre estuvo en sombra: los cuidados, la casa, la vida cotidiana.
Nos enseñó que la corresponsabilidad no es ayuda, es justicia.
Que sostener la vida no puede seguir siendo una tarea silenciosa ni exclusivamente femenina.
Lo invisible también merece ser reconocido, compartido y dignificado.
Chimamanda Ngozi Adichie
Romper el molde
“Deberíamos criar a nuestras hijas de manera diferente. Y también a nuestros hijos.”
Escritora, novelista y dramaturga feminista nigeriana. En sus obras reivindica sus raíces africanas, habla de temas como los prejuicios, el racismo, la violencia y la discriminación.
Chimamanda nos invita a mirar hacia el origen: la educación.
Porque la conciliación empieza mucho antes de la adultez, en cómo enseñamos a habitar el mundo, en cómo repartimos los roles sin darnos cuenta.
Educar en corresponsabilidad es sembrar un futuro más habitable.
Paula Rego
El arte ha sido refugio, pero también grito.
Pintora portuguesa que pintó la ira de las mujeres.
Sus mujeres aparecen cansadas, tensas, reales. Cuerpos que hablan de carga, de historia, de resistencia.
Pero de esta mujer te hablaré otro día, porque merece una entrada solo para ella.
Judy Chicago
Con su obra The Dinner Party, colocó a las mujeres en la mesa de la historia.
Judy Chicago la imaginó su mesa como un acto de reparación. Un gesto simbólico y radical: sentar a las mujeres en un lugar del que siempre habían sido excluidas.
The Dinner Party (1974–1979) es una instalación monumental en forma de triángulo. Cada lado acoge una mesa cuidadosamente dispuesta, con platos, textiles y nombres. Treinta y nueve mujeres están invitadas. Treinta y nueve presencias que atraviesan la historia: desde figuras míticas hasta creadoras, pensadoras, científicas.
La fiesta simbólica transcurre en una mesa triangular donde cada invitada tiene platos, cubiertos y manteles bordados con imágenes y símbolos que aluden a los logros de cada una de las comesales.
Y bajo esa mesa… otros 999 nombres inscritos en el suelo.
Como raíces. Como memoria que sostiene lo visible.
Pero esta obra no habla solo de reconocimiento. Habla de lo que no se dijo. De las ausencias. Del silencio histórico.
Cada plato está diseñado como una forma orgánica, evocando el cuerpo femenino, la identidad, la creación, lo que durante siglos fue ocultado o reducido.
Y entonces ocurre algo: la mesa deja de ser doméstica.
Se convierte en altar. En manifiesto. En grito.
Sentar a las mujeres en la historia también es repartir el lugar en el presente.
En el contexto de la conciliación y la corresponsabilidad, The Dinner Party nos recuerda algo esencial:
que no podemos hablar de repartir la vida si antes no reconocemos a quienes la sostuvieron en silencio.
Porque durante siglos, las mujeres han estado en la mesa… pero sirviendo.
Hoy, esta obra nos invita a algo distinto: a sentarnos, a ser nombradas, a ocupar el espacio que siempre nos perteneció.
Cada uno de estos lugares son pequeñas obras de arte personalizadas para cada invitada y realizadas a mano por la artista y sus 129 colaboradoras.
Hoy seguimos hablando de conciliación porque aún no existe plenamente.
Porque muchas mujeres siguen siendo malabaristas del tiempo. Porque la carga mental sigue habitando nuestras cabezas. Porque el cuidado sigue teniendo nombre de mujer.
Pero también porque algo está cambiando.
Lento. Imperfecto. Pero vivo.
Honrar a estas mujeres no es solo recordarlas. Es continuar su gesto.
Dejar de sostenerlo todo solas. Es exigir estructuras más justas. Es criar, amar y vivir desde otro lugar.
Hoy no celebramos que exista este día. Celebramos que ya no estamos en silencio.
Cuando el cuidado se comparte, la vida deja de pesar y empieza a florecer.
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